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Sigue la lucha de una madre para alcanzar el diagnóstico del TDAH de su hijo

Este es el visceral testimonio de una madre que tras mucha lucha consiguió llegar al punto de partida de esta larga carrera que es el TDAH, el diagnóstico

Mi hijo era un bebe muy muy movido, de hecho era ya nervioso dentro de mi vientre pues las patadas eran feroces… aquí empezó el camino hacia el diagnóstico

Al principio es difícil valorar primeros síntomas

Era nuestro primero hijo, todo nos parecía maravilloso, teníamos todo el tiempo del mundo para dedicárselo, pero la verdad es que visto con perspectiva parecía que llevaba un motor encendido, se pasaba el día bailando, se cansaba enseguida de los juegos, no se entretenía casi con nada, no había manera de tenerlo sentado en ningún sitio, siempre necesitaba alguien alrededor prestándole atención. Recuerdo que mi madre decía que lo estimulábamos demasiado y por eso estaba tan ansioso.

Pasados los primeros meses, vienen los primeros años

Cuando empezó a crecer un poco nos dimos cuenta de lo realmente nervioso que era, pero en cualquier caso era adorable, siempre buscaba la atención de todo el mundo, era simpático, sociable, hablador e inquieto.

Por algo lo llamaba todo el mundo “Rayo McQueen”.

Siempre hay comparaciones

En algún momento empezamos a prestar atención a otros niños que se mantenían sentados en la mesa, que se quedaban mirando la tele, que andaban cogidos de la mano de sus padres, que jugaban solos con sus juguetes, que estaban en los columpios y no salían corriendo en todas direcciones…

NO, mi hijo no era así, en algún momento también pensé si estaba haciendo algo mal como madre, pero es que mi hijo aunque absorbía toda mi energía era un seductor nato.

Una cosa es lo que se espera y otra lo que se ve

Los problemas comenzaron en infantil, aunque es cierto que en la guardería ya nos dijeron que nunca estaba sentado y que no quería dormir, pero sobretodo los problemas comenzaron cuando llegaron las normas, hay que mantenerse sentado, hay que prestar atención, hay que hacer filas, hay que respetar los turnos, MISION IMPOSIBLE. 

Y también, más tarde, cuando nacieron sus hermanos y nuestra atención tuvo que dividirse en trocitos cuando en realidad él la necesitaba toda enterita. Las rabietas y ataques de furia eran incontenibles. Nosotros como padres y su tutor de infantil con 4 años ya sabíamos que algo había….

Reconocerlo es el primer paso para ponerle solución

En realidad ya todos habíamos hablado de “HIPERACTIVAD”, pero adoptar la decisión de ir al médico y salir con un diagnóstico para tu hijo es muy duro al principio.

Informes médicos para descartar otras patologías,  estudios neuropsicológicos, entrevistas y al fin un diagnóstico claro: “Trastorno por déficit de atención con hiperactividad, subtipo combinado, seguimiento neuropediátrico al ser un TDAH del preescolar y apoyo psicopedagógico individualizado de dos sesiones por semana”.

Pero luego viene lo demás, a lo mejor lo más duro

Cuando tienes el diagnostico pasas por varias fases como si fuera un periodo de duelo:

  • NEGACIÓN, dudas sobre el posible trastorno;
  • ENFADO, frustración por todo el tiempo perdido;
  • DOLOR EMOCIONAL, tristeza por lo que puede suponer el trastorno para tu hijo en su futuro y las exigencias a las que ha estado sometido; y por último,
  • ACEPTACIÓN de lo que conlleva para empezar a actuar con objetivos claros y realistas.

En definitiva, cuando asumes el diagnostico sientes también cierto alivio por saber lo que le pasa a tu hijo y cuando lo asimilas empiezas a pensar en positivo para buscar soluciones.

Hay que afrontarlo y empezar a trabajar

Conocer el diagnóstico ayudó mucho en mi caso, pero sobretodo ayuda leer e informarse continuamente sobre el TDAH, inscribirse en asociaciones, buscar grupos de padres de hijos con TDAH, compartir experiencias, aprender técnicas de relajación, en definitiva, buscar apoyos para poder ayudar a tu hijo de la manera más completa.

Es cierto que un niño que tiene TDAH exige una mayor implicación, requiere mucho tiempo, paciencia, dedicación y además supone un esfuerzo económico mayor, pero también supone una mayor satisfacción cualquier esfuerzo superado por su parte, porque son niños muy nobles, cariñosos, empáticos, divertidos, inteligentes, que necesitan sentirse queridos porque son muchos los reproches diarios que reciben, aun así olvidan fácilmente, y saben perdonar y pedir perdón como nadie.

Mi hijo no es una etiqueta, no es un TDAH, mi hijo es un ser excepcional como cualquier otro.

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Manuel Antonio Fernández Fernández
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Director del Instituto Andaluz de Neurólogia Pediatrica | Ayudo a chicos con problemas neurológicos a desarrollar todo su potencial para alcanzar una vida plena y completamente satisfactoria.

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